¿La fe y la cultura deben estar separadas?

La cultura es algo más que la idea primaria y el sentido de erudición intelectual. En su sentido general son los rasgos característicos de una colectividad.
(Artes, letras, modos de vida, sistemas de valores, tradiciones y creencias) El tener una ruptura con la cultura, por malinterpretar que ella es sinónimo de todos los aspectos negativos de la misma, es uno de los malentendidos más trágicos de la iglesia cristiana occidental; Digamos que es como abandonar la casa porque hay una parte de ella que está sucia. La pregunta es, ¿acaso no se nos ha llamado a limpiar la casa?, si otros han decidido ensuciarla, por lo menos nosotros hagamos la parte buena. La cosmovisión bíblica nos alienta a eso: "No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos."La cultura necesita de la fe para darle sustancia a sus preguntas básicas, y para proyectar sus ideales de vida, pues como dice G. Hegel: "La cultura, en sí y por sí, esto es, encerrada en ella misma nunca tendrá una oferta adecuada a la capacidad del sentido de la aspiración humana".
En palabras simples, la fe cristiana no aporta meramente una respuesta religiosa al enigma de la vida, sino que tiene la capacidad de darle valor, orden, y sentido a la misma.
Necesitamos dialogar con la cultura de turno. Algunos se niegan a este contacto, imaginan que han logrado congelar la fe en un tubo de ensayo, de forma química y pura, aislándola de todo contexto cultural. No existe fe sin mediación cultural; el ignorar esto tan simple nos descalifica en nuestro rol de embajadores del cielo.
El diálogo entre la fe y la cultura debe de inspirarse en la encarnación del Verbo, como se ha dicho: "La encarnación consta de un doble movimiento, de descenso, y ascenso: El Hijo de Dios se hace hombre (descenso), pero no para que haya un hombre más, sino para que los hombres lleguen a ser hijos de Dios (ascenso) este doble movimiento es lo que llamamos diálogo entre la fe y cultura." El creyente que desprecia la cultura, y se niega a manifestar la fe en las categorías culturales actuales, sin darse cuenta estará expresando su fe en una categoría cultural del pasado; y lo que es verdaderamente trágico es que estará imponiendo categorías culturales obsoletas, asumiendo que todo lo diferente a ello es pecado. Cuando nuestra fe habla en categorías culturales del ayer resulta difícil que oigan los hombres de hoy.
Daniel Alejo
Fragmento del Libro: Todo o Nada
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