Señales

Juan 20:19-31
En este pasaje Jesús ya ha resucitado, después de tres noches se le aparece a sus discípulos, y a penas entra les da su tarjeta de presentación. ¿Saben cuál es su tarjeta de presentación? Sus manos, sus pies y su costado. Imagínese que poderosas son estas señales que apenas Él entra y muestra sus manos, sus pies y su costado inmediatamente creen. Tomas no creía y aquí es llamado el dídimo que significa el doble; él tenía siempre dos opiniones, nunca se decidía por una, era una persona muy insegura, pero él dijo "si yo veo las manos, las señales de los clavos entonces voy a creer". Jesús le mostró las señales de sus manos y su costado, y le dijo "pon aquí tu mano", él inmediatamente le dijo "Señor mío y Dios mío". Aquí podemos ver cuan grandes son estas señales, que Tomas siendo un hombre incrédulo reconoció la grandeza de las señales de Jesús.
Un día Jesús va a descender de los cielos y va a sentar sobre el trono de su padre David, y todo Israel va a darle la bienvenida al Rey de toda la tierra; y el pueblo le preguntará a Jesús ¿y esas marcas? Y Él responderá "estas marcas me las hicieron en casa de mis amigos". Y allí todo Israel va a ver que Jesús vino la primera vez, "A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron" (Juan 1:11); inmediatamente que ellos vean las señales en el cuerpo de Jesús, todo Israel, una nación entera va a creer en Jesucristo como el Mesías. Fíjese que Jesús no les va a predicar, tampoco va a enseñar la ley, Él sólo les mostrará sus marcas.
Sabemos que nuestro Señor Jesucristo está sentado en el cielo a la diestra del Padre. Cuando Juan lo ve, esperaba ver a un león (el de la tribu de Judá); no ve a un león, ve a un Cordero como inmolado, eso quiere decir que todavía Jesús tiene las marcas de los clavos en sus manos, en sus pies y la marca de la lanza en su costado. Nosotros cuando lleguemos a su presencia vamos a tener un cuerpo perfecto, no vamos a tener ni una marca y ningún defecto. Pero Jesús va a ser el único, en toda la eternidad, que va a tener marcas en su cuerpo; porque esas son las marcas por el sacrificio del perdón de nuestros pecados.
¿Sabes qué es una señal? Una señal es una herida sana. Tres días atrás, el cuerpo de Jesucristo había sido molido, su rostro desfigurado, sus manos traspasadas, su costado abierto, su espalda estaba destrozada y sus pies habían sido traspasados. Su frente había sido herida, a tal manera que su rostro ni se conocía desfigurado totalmente. Pero tres días después, cuando Él se aparece a sus discípulos, ya no tenía más esas heridas abiertas, ahora tenía señales, tenía simplemente las cicatrices de lo que había recibido su cuerpo.
El Señor quiere que en nuestra vida tengamos señales no heridas; que no andemos por la vida con heridas abiertas, porque la voluntad del Señor es sanar nuestras heridas. A lo mejor te preguntarás ¿pero para qué se necesita quedar una marca? Para que de la misma manera que Jesús mostraba sus señales y la gente creía que Él era el Hijo del Dios viviente, en nuestras vidas también cuando hemos sido heridos y, permitimos que Dios sane nuestras heridas, queda una señal de lo que ha sucedido; cuando queda una cicatriz y la gente ve que ya no estamos heridos, sino que ahora estamos sanos y sólo queda la señal del testimonio, entonces la gente cree; y no sólo en Dios sino que también crean que Jesucristo es el Hijo del Dios viviente.
Las heridas de Jesucristo en la cruz, representan experiencias que nosotros podemos tener. Nosotros sabemos que cuando Jesús resucito, ya no tenía más heridas, ahora tenía señales. A Continuación explicaré cada una de las heridas del Señor y que significado tienen en nuestras vidas.
Heridas de Jesucristo
1.- La corona de espinas. Esas espinas no eran de rosas, como las que vemos en la actualidad. Las que los romanos utilizaban eran espinas que podían llegar a ser del tamaño de un dedo de la mano de una persona, eran hechas con la finalidad de penetrar la piel y el hueso para herir. Usted se preguntará ¿Por qué a Jesús le pusieron una corona de espinas? Por que ellos no reconocieron su posición, no reconocieron que era el verdadero Rey de Israel; ¿saben qué significa en nuestras vidas esto? Es cuando alguien, otra persona o un ser querido rechazan tu posición, tu unción, tu llamado; y te dicen en tu cara "yo a ti no te respeto, no te acepto", eso es una corona de espinas en tu cabeza. Hay muchas personas que andan con la frente herida, me doy cuenta porque tienen un espíritu de rechazo, y una persona rechazada se aísla, pierde identidad, siempre está enojado y, especialmente, se enojan con personas que están cumpliendo con el propósito de Dios.
2.- El rostro desfigurado. Este tipo de personas tienen celos, son orgullosos y se esconden detrás de una máscara.
3.- Las heridas en la espalda. Si usted ha visto la película "La pasión de Cristo", allí se muestra en una manera bien gráfica como eran los azotes que los soldados romanos utilizaban sobre los condenados a muerte. Eran azotes con látigo, con pequeñas esferas de metal o pequeñas partes de huesos, y cuando golpeaban sobre la piel no solamente el golpe era lo que dolía, con el látigo rasgaban toda la piel. Este azote no era para matar, era para humillar al que iba a morir y para quitarle todas las fuerzas. Una persona que herida en la espalda, representa a una persona que no se siente amada, siempre se siente ignorado, siempre están descontentos, se sienten desvalorizados.
4.- Las manos traspasadas. Las manos son las que producen, nosotros trabajamos con nuestras manos, producimos amor y mostramos cariño. Cuando hay manos traspasadas, hay inseguridad en la persona porque sus manos están heridas, no pueden tocar o abrazar. Este tipo de heridas se ve en personas que están dominadas por el miedo, la ansiedad y se sienten amenazados.
5.- Los pies traspasados. Es el temor que paraliza, el temor a lo desconocido, se sienten solos, están paralizados por los nervios, son indecisos. Los pies son los que caminan, los pies toman dirección.
Ninguna de estas heridas que hemos nombrado hasta ahora son heridas de muerte.
6.- La herida al costado. Esta herida era para matar. Los soldados romanos tomaban una lanza y se la clavaban entre las costillas, en un ángulo que iba derecho al corazón y esa herida era para matar directamente. La herida en el corazón representa cuando una persona pierde toda esperanza y se rinde, son los que dicen ¡de esta no me saca ni Dios!; son el tipo de personas que dicen que las cosas no van a cambiar, siempre andan derrotados. Este tipo de personas son indiferentes, resignados, pesimistas, negativos y depresivos.
Todas estas heridas Dios las quiere sanar, ¿saben cuándo uno se da cuenta que ya no está más herido? Cuando puedes enfrentar a los que te hirieron, a las memorias del pasado y no te duele más; y esta experiencia es un testimonio. Entre más grande es la herida, más grande es la señal. Los heridos hieren, pero los sanos sanan.
Pasos para estar sanos
1.- No hay sanidad hasta que el enfermo reconozca que esta herido.
2.- Tenemos que ver la verdad de Dios. Cristo cuando estaba en la cruz dijo: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34a). Igual allá fuera hay muchas personas nos hacen daño, pero ellos no saben lo que hacen, perdónalos aunque sea difícil; este paso es duro, pero tenemos que ver lo que Dios ve en esas personas que no sabían lo que hicieron.
3.- El perdón es simplemente decir "ya no voy a cargar más con esto". Cuando una persona nos hace daño y en tu corazón lo juzgas, le haces un veredicto, lo declaras culpable y lo pones en una cárcel que es tu corazón. Ahora, tú tienes que quedarte en esa cárcel, asegurándote que esa persona pague por lo que te hizo ya eres un carcelero. Y esto no es sólo una tragedia para la persona que esta en tu corazón, si no que también para ti que lo tienes encarcelado guardando eso y no olvidando. El perdón dice "¿sabes qué?, no te juzgo más, te perdono, te dejo ir, te suelto de la cárcel de mi corazón".
Nosotros tenemos que remitir estas heridas, ósea, enviárselas al Señor Jesucristo y no retenerlas nosotros, porque cuando uno retiene una experiencia de dolor se convierte en amargura. El deseo de Dios es que seamos sanos, que ya no seamos el mismo y remitir las heridas a Él para que sólo te queden las señales.
Pastor David Greco
Escuela de Gloria para Hombres
Junio 2010 / Mérida - Venezuela
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