Haced morir
Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas.
Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.
No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, Col 3:5-10
Haced morir, es un acto de nuestra voluntad, una decisión que debemos tomar y hacer los cambios necesarios para lograrlo, siempre fortaleciéndonos en el Señor y poniendo en práctica las herramientas que Él nos da para lograrlo, lo aquí mencionado como ejemplo son manifestaciones de nuestra vieja naturaleza, no los menciona la palabra como espíritus que vivan en uno, sino como conductas, frutos de la carne de quien no se ha sometido al Señorío de Jesucristo.
Si bien es cierto que muchas de estas conductas son distintivas de algunos personajes del Antiguo Testamento como el caso de Jezabel, hoy en día identificamos esas mismas conductas en algunas personas atribuyéndoseles al espíritu o espíritus que dominaban a esta mujer, pero es importante recordar que Jezabel no tenía al Espíritu Santo, no era nacida de nuevo, ni sierva de Jesucristo, y el Nuevo Testamento está dirigido a la iglesia de Cristo, los nacidos de nuevo y sellados por el Espíritu Santo, dejando claro que quien no tenga al Señor en su corazón puede albergar cualquier tipo de espíritu en él, que domine su vida y haga manifiestos los frutos de la carne en esa persona.
Con nuestros hechos, esto es con nuestra conducta fruto del espíritu, manifestada por medio de nuestra voluntad, la cuál conforma el carácter del nuevo hombre conforme a la imagen del que lo creó, y que sigue renovándose día a día, en el poder del Espíritu Santo, es que estaremos revestidos del nuevo hombre hasta llegar al conocimiento pleno.
