honrarHonrar a Dios, una oportunidad divina

"Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto" (Proverbios 3:9-10)

Al leer este pasaje de la Palabra, vemos que el verso 9 es una acción y el 10 es una respuesta de esta acción. En el 10 dice: "serán llenos tus graneros", no dice "medio llenos". Al leer esto por primera vez me impresionó, sobre todo, la parte que dice: "Honra a Jehová"; sé que tenía que honrar a Jehová, pero ¿cómo lo honro? Sabes, nunca puedes honrar a alguien que no conozcas bien, yo entiendo por honra hablando de nuestro Padre Espiritual es con nuestros pensamientos, con nuestros actos y con nuestros bienes. Tenemos que conocer al Padre si queremos honrarle dignamente conforme a Su majestad.

Quiero compartirle algunas ilustraciones que nos van ayudar a entender un poco la paternidad y nos ayudarán a entender la honra que el Padre espera de nosotros. El objetivo de esta enseñanza será enfocarnos en la actitud de nuestro corazón al honrar a Dios con nuestros bienes. Más que definir que son diezmos y que son ofrendas, vamos a ir a esa condición de nuestro corazón en el momento de honrar a Dios con nuestros bienes.

La honra es una actitud que manifestamos una vez que entendemos, conocemos y valoramos a alguien. Hacemos un juicio de esa persona, y una vez conocida, vemos si es digna de honra o no. Si nosotros no conocemos al Padre lo suficiente, corremos el riesgo de no honrarle como Él se merece; si medio lo conocemos medio lo honramos, entonces tenemos que conocerle más. Le voy a compartir tres ejemplos de paternidad que le ayudará a entender la relación de honra.

1.) Padre natural. En Latinoamérica cuesta trabajo imaginarnos a Dios como padre porque el modelo paternal, en algunos casos es exitoso en otros casos muy malo, de niños nunca tuvieron ese modelo de padre porque fueron abandonado. Algunos no conocen a sus padres, desde este punto de vista yo me considero afortunado, tuve un padre maravilloso de carácter, nos dio una buena educación y estaba lleno de amor y responsabilidad, él fue una gran amigo.

2.) Padre de la patria. Es el caso de Simón Bolívar, muchos se preguntarán ¿por qué se le honra? Vemos su nombre en las monedas, avenidas, plazas, calles. Desde que estamos en la edad de pre-escolar, comenzamos a conocer de la obra del libertador y cada día aprendemos del aporte de este gran hombre a la nación y a Sudamérica; le damos más valor y evidentemente llega un momento que entendemos que el libertador Simón Bolívar es parte de nuestra cultura.

3.) El Padre eterno. El Padre de la creación y de nuestro Señor Jesucristo, Padre de padres. A través de Jesucristo el Padre nos adopto, así como se nos fue revelado Jesús como Salvador y como se nos fue revelado el Espíritu Santo y estamos seguro que mora en nosotros, y fuimos sellador por Él; de igual manera tenemos que estar convencidos que el Dios de la Gloria es nuestro Padre. Hay un pasaje de la Biblia que nos permitirá ilustrar un poco sobre esto: "Pero estando Él en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza. Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume? Porque podía haberse vendido por más de trescientos denarios, y haberse dado a los pobres. Y murmuraban contra ella" (Marcos 14:3-5).

Este pasaje lo citan por lo menos tres de los 4 evangelistas, y cada uno de ellos hace un pequeño aporte; es obvio que esta mujer había escuchado hablar de Jesús en algún momento y seguramente oyendo hablar del Padre se identificó, y esas palabras la tocaron. Son palabras que sólo el Padre tiene, son palabras de amor que quizás por primera vez había escuchado, algunos de los evangelios dicen que era una mujer pecadora, pero esta mujer a través de Jesús vio al Padre. ¿Sabes por qué? Jesús dijo: "Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto" (Juan 14:7). Jesús vino hacer la voluntad del Padre y a dar a conocer al Padre. Su vida fue una exaltación de obediencia y de honra al Padre, esta mujer fue marcada con las palabras de Jesús, tanto que dejó la vida que llevaba, se arrepintió de sus pecados, y cuando tenemos un encuentro con el Padre nos acercamos a Él y vivimos esa experiencia única, dejamos ya de pensar en nosotros mismos, comenzamos a pensar diferente y dejamos el pasado atrás.

Esta mujer seguramente vio a Jesús, recibió esa palabra y cuando se entero que estaba en una casa tomo su bien más preciado, un perfume de nardo puro que era sumamente costoso para la época, era tan costoso que se vendía en pequeñas porciones y cuando estos hombres dicen que se podía haber vendido por más de 300 denarios, esta cantidad era el equivalente al jornal de todo un año de trabajo, por allí podemos medir el esfuerzo de esta mujer. Pero esto fue el resultado producido por este encuentro y producto de valorar lo que el Padre había hecho en ella a través de Jesús, brotó en ella el deseo incontenible de honrarlo, más allá de lo que el hombre piense, o más allá de lo que el hombre diga u opine. Ella trató de darle a Él lo más preciado que ella tenía, esto ocurre cuando hay revelación de quién es el Padre.

También en ese lugar se encontraban muchas personas que estaban con Jesús, pero que desafortunadamente a ellos no se les había revelado el Padre, esto nos enseña que aunque hayamos conocido a Jesús no necesariamente se nos ha revelado el Padre. Cuando se nos revela el Padre cambia nuestra manera de ver. ¿Sabes a quién más se le reveló el Padre? A Pablo. Esa pasión que Pablo tenía venía del Padre. Nuestro Padre desea una relación plena en todas las áreas de nuestra vida, hay algo que a muchas personas les cuesta y es honrar a Dios con sus bienes. "De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan" (Salmos 24:1), este versículo muestra que todo lo que vemos y lo que no vemos le pertenece al Señor

Hay una tendencia en lo natural del hombre que es apegarse a los bienes materiales. ¿Por qué el Padre espera que lo honremos con nuestros bienes materiales? Porque si nosotros le entregamos nuestra vida, pensamientos, pero no le rendimos cuenta a Dios en esta área que son nuestro bienes; esta área va a empezar a competir con Dios, sin darnos cuenta se va a levantar otro dios. A ningún padre le gusta que lo honren por obligación. Cuando nosotros traemos nuestros diezmos y ofrendas y la entregamos por compromiso o por lo que dirá el hermano que tengo a mi lado, si yo no llevo mi ofrenda, si esto está sucediendo en tu vida esto no le agrada al Padre. Cuando se ofrenda no es un pago. Nunca ningún hijo podrá pagar lo que nuestro Padre Celestial ha hecho por nosotros.

"Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento" (Marcos 12:28-30).

Esto habla de una relación plena, de una relación absoluta. Cuando Dios crea al hombre, lo crea para tener una relación completa. ¿Usted sólo desea ser restaurado en unas partes de su vida?, o ¿en todas? Si deseas en todas, entonces la actitud tiene que ser plena, con nuestros pensamientos, con nuestros actos de vida en cualquier lugar que nos encontremos y, por supuesto, con nuestros bienes.

Les voy a ilustrar un ejemplo comparando al padre natural y al Padre espiritual. Se pueden imaginar lo triste que debe ser para un padre cuando ve que su hijo prefiere o está ocupado con sus negocios y no tiene tiempo ni siquiera para hablar con él, o para atenderlo, ¿qué sentirá el corazón de ese padre? Porque en ese momento aquello que mantiene al hijo ocupado es de mayor valor que el padre. Lo mismo siente el Padre de la Gloria cuando nosotros ocupamos el espacio que le corresponde a Él.

Ps. Ángel García
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